Cada vez que se anuncia la posibilidad de un Fenómeno El Niño, muchas organizaciones reaccionan de dos maneras: algunas esperan hasta que el peligro sea inminente; otras realizan compras apresuradas, limpian algunos techos y consideran que ya están preparadas. Ninguna de las dos respuestas es suficiente.

Prepararse frente a El Niño no significa predecir exactamente cuánto lloverá. Significa identificar qué servicios podrían fallar, quiénes estarían expuestos, cuánto puede resistir la operación y qué decisiones deben tomarse antes de que el problema aparezca.

El objetivo no es eliminar toda incertidumbre. Es evitar que una situación previsible encuentre a la institución sin responsables, sin recursos y sin una respuesta organizada.

El escenario de 2026 exige anticipación

El Comunicado Oficial ENFEN N.º 15-2026, publicado el 28 de agosto, mantuvo el estado de “Alerta de El Niño Costero”. ENFEN señaló una alta probabilidad de que el evento persista hasta el verano de 2027 y recomendó considerar los escenarios de riesgo, avisos meteorológicos y pronósticos estacionales vigentes.

También planteó un comportamiento diferenciado: precipitaciones por encima de lo normal durante el verano de 2027 en la costa norte, costa central y sierra noroccidental, mientras otras zonas podrían registrar condiciones normales o inferiores. Un club de playa en Cañete enfrenta riesgos distintos de un club de campo en Piura, una sede deportiva en Arequipa o un condominio cercano a una quebrada.

Un comunicado nacional no reemplaza el análisis de cada sede: lo activa. El error sería convertir una probabilidad climática en una predicción local. La decisión correcta es utilizarla para revisar vulnerabilidades y preparar respuestas verificables.

El riesgo no comienza cuando empieza a llover

Una institución puede haber soportado temporadas anteriores sin daños graves y encontrarse hoy más expuesta. Los riesgos cambian con el desgaste, las ampliaciones, la acumulación de sedimentos, el estado de las bombas, la dependencia de proveedores y la mayor cantidad de usuarios.

La lluvia, el oleaje o un corte de servicios no siempre crean estas debilidades. Muchas veces solo las hacen visibles.

Playas, piscinas y espacios recreativos

Los clubes y condominios que operan playas, piscinas, lagunas, jardines y áreas deportivas tienen una exposición particular. Un aviso de El Niño no equivale automáticamente a un aviso de oleaje: las restricciones para playas, embarcaciones o actividades acuáticas deben basarse en los comunicados específicos de la Dirección de Hidrografía y Navegación.

La gerencia debe definir quién revisa esos avisos, a qué hora, cómo se informa a los usuarios y qué autoridad puede cerrar temporalmente una playa o suspender una actividad.

En las piscinas, las lluvias intensas y el ingreso de material externo pueden alterar la turbidez, el equilibrio químico y las condiciones sanitarias. DIGESA considera, entre otros criterios, el control del cloro residual, el pH y la turbidez; la limpieza; el funcionamiento de la recirculación y desinfección; y la existencia de registros operativos.

Después de una inundación o contaminación visible, la reapertura debe depender de una evaluación técnica, no de la presión por restablecer rápidamente el servicio. Canchas, jardines, senderos y zonas de juego también requieren criterios claros: una superficie anegada, un árbol debilitado o una estructura ligera expuesta a viento fuerte pueden convertirse en riesgos.

La continuidad también depende de lo que está afuera

Una organización puede proteger sus instalaciones y quedar paralizada por fallas externas. El corte de una carretera puede impedir la llegada de personal, alimentos, combustible o productos químicos. Una interrupción eléctrica afecta bombas, plantas de tratamiento, ascensores, cámaras, puertas y telecomunicaciones. La falla del desagüe público puede trasladar el problema a las redes internas.

La planificación debe considerar agua, energía, desagüe, residuos, accesos, abastecimiento, comunicaciones, atención médica, protección de registros y recuperación gradual. El MTC, al presentar su plan frente a El Niño Costero 2026-2027, priorizó mantenimiento de carreteras, monitoreo de comunicaciones y continuidad del transporte. Para clubes y condominios el principio es el mismo: no basta proteger el edificio si no se asegura la cadena que permite operarlo.

Cinco decisiones que deberían tomarse ahora

  1. Actualizar el mapa de riesgos por sede. Debe identificar puntos vulnerables, personas expuestas, servicios esenciales y efectos en cadena.
  2. Probar los sistemas, no solamente inspeccionarlos. Drenajes, bombas, tableros, válvulas, alarmas, radios, iluminación y respaldos deben probarse bajo condiciones reales.
  3. Establecer umbrales de decisión. Definir qué condición obliga a suspender una actividad, cerrar una playa, evacuar un área o desconectar un equipo.
  4. Confirmar proveedores, repuestos y rutas alternativas. Verificar disponibilidad, tiempo de respuesta, cobertura, equipos críticos y condiciones de acceso.
  5. Registrar y cerrar los hallazgos. Cada inspección debe indicar riesgo, responsable, presupuesto, plazo y evidencia de verificación.

Un tablero simple para la gerencia

La preparación puede comenzar con una matriz de servicio crítico, falla posible, control actual, responsable y fecha de verificación. Drenajes, energía, piscinas, accesos y comunicaciones deben tener controles concretos. Este tablero no sustituye un plan de contingencia, pero convierte una preocupación general en responsabilidades verificables.

Preparar a las personas, no solo la infraestructura

La respuesta no depende únicamente de mantenimiento. Participan seguridad, operaciones, alimentos y bebidas, deportes, recursos humanos, comunicaciones, administración y dirección. El personal debe conocer la cadena de comunicación, los responsables por turno, las rutas seguras, los procedimientos de cierre, los servicios mínimos y las condiciones de reapertura.

INDECI recomienda establecer rutas, puntos seguros y sistemas de alerta, además de seguir fuentes oficiales. En una institución, estas recomendaciones deben traducirse en procedimientos por sede, turno y actividad. Un plan que solamente conoce el gerente no es un plan operativo.

Informar sin alarmar

Un buen comunicado debe precisar la fuente oficial, la zona y vigencia del aviso, la medida institucional, las actividades afectadas y la hora de la próxima actualización. Debe evitar tanto el alarmismo como frases tranquilizadoras sin evidencia. Decir “todo está controlado” carece de valor si no se explica qué fue revisado y qué permanece pendiente.

La verdadera pregunta gerencial

La pregunta no es solamente si llegará El Niño o cuánto lloverá. Debemos saber cuánto tardaremos en detectar una falla, quién puede decidir sin esperar una reunión, qué servicio no podemos interrumpir, qué proveedor responderá y cómo protegeremos a trabajadores, socios, residentes y visitantes.

Prepararse no consiste en comprar sacos de arena cuando comienza la lluvia. Consiste en gobernar la incertidumbre antes de que se convierta en emergencia. La prevención más valiosa es la que permite que cada persona sepa qué hacer, cada equipo crítico responda y cada decisión pueda sustentarse.

Nota editorial: artículo elaborado a partir de dos notas inéditas del autor y actualizado al contexto de 2026. No constituye un pronóstico climático ni sustituye los avisos o disposiciones de las autoridades.

Juan Carlos Romero de Aliaga
Presidente de ASOGECLUB Perú
“Gestionar con propósito, liderar con humanidad y servir con excelencia”.

Fuentes oficiales